En pleno verano —cuando el sol en Arica no perdona y la playa compite fuerte— hubo quienes eligieron otra escena: una sala, libros abiertos y conversación cara a cara con quienes escriben las historias. Así se vivió el Ciclo de Presentaciones Literarias de Verano, parte de Biblioverano, que cerró su programación tras cuatro encuentros realizados entre enero y febrero.
La iniciativa, impulsada por la Coordinación Regional de Bibliotecas Públicas del Servicio del Patrimonio Cultural (SERPAT), convirtió las dependencias de Sangra 350 en un punto de reunión para lectoras, lectores y autorías locales, reforzando algo clave: la literatura regional no solo se escribe, también se conversa.
El ciclo —que se desarrolló jueves por medio— comenzó en enero con Bajo el Sol del Mediodía, de Vanessa Martínez, una novela que cruza exilio, memoria y afectos desde una mirada femenina. Luego fue el turno de Carlos Morales Fredes, quien presentó Ícaros de Metal, volumen de relatos breves reconocido por su agudeza narrativa y su presencia en espacios pedagógicos y de fomento lector.
Febrero mantuvo el ritmo con la presentación de Luis Seguel Vorpahl y su más reciente obra, La extraordinaria soledad de Matilde, publicada este 2026 por Lusevo Ediciones. El cierre estuvo a cargo de Margarita Figueroa Zavala con Magdalena de Codpa, ampliando la diversidad temática y estética del ciclo y confirmando el interés del público por instancias que permiten el diálogo directo con quienes están detrás de las historias.
Desde la dirección regional del Servicio del Patrimonio Cultural valoraron el impacto de la iniciativa: “Este ciclo nos permitió reafirmar el interés que existe en la región por la literatura, permitiéndonos crear un espacio vivo de encuentro y conversación. Ver a la comunidad participar activamente, dialogar con sus autores y autoras, es parte esencial de nuestra misión como institución pública”, señaló la directora regional Lenina Barrios Atencio.
Asimismo, el Coordinador Regional de Bibliotecas Públicas, Rodrigo Acuña, agregó: “El libro es un bien patrimonial, debemos difundirlo y hacerlo además con perspectiva territorial por eso parte de nuestros objetivos es fomentar la lectura de nuestros escritores y escritoras; de esta manera junto con organizar este ciclo, que esperamos repetir en invierno, hemos profundizado también la adquisición y distribución de literatura local por todas las bibliotecas públicas del territorio”.
Todas las actividades fueron de acceso liberado y reafirmaron el compromiso institucional con la promoción de la lectura, la creación regional y la descentralización cultural. Pero más allá de lo institucional, el ciclo dejó algo evidente: hay público, hay autores y hay ganas de encontrarse en torno a la palabra escrita.
Porque sí, incluso en verano —y contra todo pronóstico playero— los libros siguen siendo punto de encuentro, conversación y comunidad.





